
Transcribo de un sabio observador de la naturaleza:
"Volvamos a las bodas trágicas de la reina. En el ejemplo que nos ocupa, la naturaleza quiere, pues, con la mira de la fecundación cruzada, que la cópula del zángano con la reina sólo sea posible en pleno cielo. Pero sus deseos se mezclan como un red, y sus leyes más preciadas tiene que pasar de continuo a través de la mallas de otras leyes que en seguida pasarán, a su vez, a través de las mallas de la primera.
Habiendo poblado ese cielo de innumerables peligros, de vientos fríos, de corrientes y tempestades, de vértigos, de aves, de insectos, de gotas de agua que obedecen a las leyes invencibles, es preciso que ella tome medidas para que el acoplamiento sea lo más breve posible. Lo es gracias a la muerte fulminante del macho, Un abrazo basta, y la continuación del himeneo continúa en el vientre de la esposa.
Ésta, desde las cerúleas alturas, desciende hacia la colmena mientras vibran detrás de ella, como oriflamas, las entrañas desenrolladas del amante".
Escribir sobre el amor y la sexualidad no es un asunto sencillo, aunque con talento cualquier tema puede ser visto desde una perspectiva diferente; me parece este caso el de la poesía narrativa de Maurice Maeterlinck y su libro La vida de las abejas, al cual corresponde el pasaje con el que inicia este post. Borges lo admiraba, Maeterlinck fue autor también de " La intelegencia de las flores ". La muerte y la fecundación a veces no están tan separadas las unas de las otras. Es el caso de estos insectos. Aunque claro, eso del zángano y la reina, puede ser un buen título para una película erótica, el título es sugerente y las palabras implican una relación turbia, sugestiva y compleja. La muerte y la vida unidos en el cielo.

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