martes 28 de abril de 2009

BOCACCIO Y LA EPIDEMIA







El Decameron, obra consagrada a el arte de amar y salirse con la suya, se gesta en un período crítico: el de la peste. Los 10 jóvenes que se encierran en un castillo para disrutar de la narración de sus placeres, mientras los carretones de muertos, mezcaldos con gente en agonía pasan por la calle, es contrastante y terriblemente humana.
Y mientras incineran los cuerpos de los muertos, los vivos se abrasan al calor de la narración, mientras unos son sepultados por el dolor, los otros por el goce. Una soberbia arquitectura narrativa que en estos tiempos de otras epidemias, parece transformar lo grotesco en risible, lo vulgar en fineza, lo corrupto en virtud; aparecen todo un mundo de contrastes. Así es lo insondable del alma humana.
Es un buen tiempo para releer el Decamerón y disfrutarlo.


0 comenta y disfruta: