jueves 29 de enero de 2009

El arte de amar ¿honestamente?



Libros para amar podemos encontrarlos en casi cualquier época. Páginas en donde se condensan los secretos para el placer que produce tan noble acto. Aunque, claro, creo que la literatura para el amor puede ir desde las sutiles técnicas para la sublimación, así como las más frívolas y vulgares. Todo para amar correctamente, aunque nunca pueda ser perfecto.
Así que me encuentro con el Liber de Arte Honeste Amandi de Chapelain, un tratado del amor cortés (claro, esto tiene que ver también con las cortesanas). Así los excesos de los privilegiados entraban en ciertas reglas. En una parte habla sobre que parte de la mujer prefiere el hombre de la mujer, la superior o la inferior. En otra el autor invita a menospreciar a las clases bajas, pues no poseen el refinamiento amatorio; aunque después, aconseja que si se encuentra a una rústica aldeana la asalten sin más contemplaciones y si es preciso se recurra a la violencia.

La edad media influye en la idealización de la mujer y sirve después para crear uno de los funamentos del amor romántico. Por cierto que rescato del Don Juan de Byron lo siguiente: ¿creen que si Laura hubiera sido la esposa de Petrarca éste le hubiera dedicado sonetos durante toda la vida?

martes 27 de enero de 2009

NINFAS, SÁTIROS Y EL SUEÑO COLECTIVO



Continuando con la idea del post anterior me doy cuenta de la influencia de la mitología en la mente del hombre, en sus historias se transfiguran los sueños colectivos y sus imágenes fantásticas. La figura demoníaca que ahora conocemos, tiene que ver con los sátiros, seres bestiales y humanizados que participaban en el culto a Dyonisios, sus orgías, fastos y el gusto al vino (las bacanales romanas). Según antropólogos, mitólogos y demás investigadores, los sátiros pertenecieron a una raza que fue opuesta a los hombres y en particular al homo sapiens. Y su bestialidad tiene que ver con deseos desenfrenados, satisfechos a través de la fuerza y la pasión.

Copio este texto de la Historia sexual de la humanidad, Eugen Relgis:

Disponiendo de abundante alimentación, - los sátiros - eran constantemente acicateados por el instinto sexual. Cuando encontraban una hembra, se abalanzaban sobre ella. Siendo por su naturaleza menos sensuales (que los hombres), las hembras, ninfas, se cuidaban de la brutalidad de los sátiros. Se ocultaban en la selva espesa, en las cavernas, cuando oían los gritos de los machos. Éstos las acechaban en los manantiales, se subían a los árboles para verlas venir y las perseguían hasta alcanzarlas por las trenzas revoloteantes. La posesión era bestial; igual que en la mayor parte de los mamíferos, el macho saltaba sobre la espalda de la hembra, la mordía y la ensangrentaba. Algunas veces la ninfa sabía morder mejor; pero frecuentemente retumbaba en los viejos bosques la risa gruesa y estúpida del sátiro satisfecho.

Recuerdo también algunas imágenes de la revista Husteler vista en mi adolescencia, que bien podrían ilustrar la escena anterior. Esos seres son mitológicos, aunque el relato en si es bueno, los sátiros no existen o ¿si?

domingo 25 de enero de 2009

Amor más allá de la muerte y misas negras

Imagen: El espíritu de la muerte observa de Paul Gauguin



Entres las mejores novelas del siglo XX (el pasado siglo) en México, se incluyen tres novelas cortas: El "Apando" de Revueltas, "Las batallas en el desierto" de José Emilio Pacheco y "Aura" de Carlos Fuentes. Causó polémica, hace unos años la novela de Aura, donde se describe una misa negra. Existen muchos elementos dentro de este texto para darnos cuenta de que, también, se refiere al acto amoroso. Como todo acto profano, el amor vence a la muerte, también al tiempo, pues el protagonista joven de la novela amará a una anciana.

La misa negra se insinúa, hay referencias, pero todo es tan fantasmal como Aura. Si se desea conocer el erotismo inherente en este fragmento es cuestión de consultarlo.

Anoto simplemente la parte final que lo complementa en donde los amantes desafían al tiempo y la muerte y las leyes divinas.

Escuchas su voz tibia en la oreja:

-¿Me amaras siempre?
-Siempre Aura, te amaré para siempre.
-Me lo juras, te lo juro. ¿Aunque envejezca? Aunque pierda mi belleza? ¿Aunque tenga el pelo blanco?
- Siempre, mi amor, siempre.
- ¿Aunque muera, Felipe? ¿Me amarás siempre, aunque muera?
- Siempre, siempre, te lo juro. nada puede seperarme de ti.
Ven , Felipe, ven
- Buscas, al despertar, la espalda de Aura y sólo tocas esa almohada, caliente aún, y las sábanas blancas que te envuelven.